Me quedé dormido
en la voz de mi guitarra
en el juego de tu llanto,
me quedé dormido en mis labios
que ya no poseen más tu nombre y
lanzan al viento tus párpados pesados
como pidiendo perdón al tabaco muerto.
Me quedé dormido en la ruta del olvido,
en los miles de papeles amarrados
al color de tus ojos,
sigo el sonido de tu boca cuando rompen mi piel,
a la oscura mañana sin tu sombra.
Y el desvelo de mi letra
que no encuentra luz en la noche
acaricia el silencio que viste a la
oscuridad de tu brazos
¿Qué me dirán los puntos al final de la oración?
si el sonido del lápiz sin ti no es canción,
el humo del alma se pierde
enferma al aire y tortura el suspiro.
Me quedé dormido entre los miles de juegos
que me guiaban a morir en tu ropa
y entre el sonido que guarda el ayer
voy rindiendo culto a las gotas de licor
que tatúan en el suelo tu nombre.
Nada me cuesta confesar que mis páginas
no me salvarán del destino de perderme
en este instante contigo,
que no podrá sobrevivir entre
tu costilla, ni en tus huesos.
La función del dolor ha empezado y me
quedaré dormido en tu cariño doloroso,
el fuego no abrigará el mueble
ni extraerá del cajón
las lágrimas guardadas.
No sabrá más de ti
mis rodillas que desconocerán soportar
tus ideas envueltas en el cabello tuyo.
Me quedaré dormido contigo
y en la naturaleza del matirio
de nunca más verte
te irás de mí y mi ojo no se te seguirá más
alrededor de tus carcajadas.
Me quedé dormido contigo, es cierto,
porque no me imagino dormir sin ti.
AUTOR: MARCOS OCTAVIO LANEGRA LLAGUENTO
PAÍS: PERÚ
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