Y el
hombre, angustiado entre caminos pedregosos, su alma se debate en medio de un
constante miedo, atormentado sin gracia ni súplicas mientras la desdicha
sentado a su derecha como dios manda, va y consuela a su prójimo:
DESDICHA: Un fuego eterno debilita la paz, pero
lo que me preocupa no es el castigo que te espera en vida porque un ser sin
consciencia que chamusque cualquier episodio terrenal ya no logra inmutarse.
Y ¿Qué esperas de la muerte? porque
las puertas de la eternidad buscarán consuelo ante tu destierro.
HOMBRE: Desdicha, no
hay instante que no piense en ella, si aquellas noches en vela mi alma instaura
sin consentimiento su desvelo terrenal o el cielo figure de par en par
episodios de grandeza mientras el infierno entre alaridos cortos segmente su
irremediable malestar…¡solo huye!, no pienses ni glorifiques tu muerte porque
ante la eternidad una vida con desconsuelo turba la razón de nuestra realidad,
negando una absurda creación por que la libertad apuesta por un
fatídico despertar de una muerte lenta y dolorosa…
DESDICHA: ¡Cuan riguroso y estricto
comportamiento surge! La muerte, lamentablemente no escoge con quién salir de
su purgatorio eterno, ni muchos menos ofrece opciones descarriladas. Hoy te
encuentras en las últimas instancias de tus deseos impuros y tal vez el
mañana depare un hallazgo que no quieres
culminar.
HOMBRE:
Ejemplificaré de una manera sutil…
Es como cuando uno se encuentra
enamorado pero también nos podemos dar cuenta que el amor no funciona en
tiempos cortos o modernos, ni mucho menos no deseo embriagarme con una falsa
sonrisa que instaura melancolía. Mi presencia en el mundo se torna inexistente
cuando pienso en ti, tú limitas cada cierto segundo un compás infinito;
irradiando de emociones este gélido corazón pero ¡hay de nosotros! Si su amor no
es correspondido, ¡hay de nosotros! ¿Qué sería de unos versos inquebrantables
dedicado a nuestro futuro? Rehúso cada recuerdo imponente entre suspiros
inertes, negando la muerte cada cierto desconsuelo, llorando una despedida
mientras escucho a lo lejos el susurro de mi soledad…Firme, déspota, anonadado
por las cuantiosas deidades que rodea tu existir; “ser humano” insatisfecho
despertar galopa marcas de traición.
¿Ahora comprendes? Tanto la muerte como el amor
resultan ser necesario para saldar riendas con la inmortalidad.
DESDICHA: Obtusa realidad, acumulas
grandezas y gratificas inútiles tempestades. ¡HOMBRE! ¡HOMBRE!, egocéntrico y
déspota, ¡hoy! que impulsas una muerte repentina restituyes bondades y
desconsuelos.
HOMBRE: Indeterminado amanecer, pero…
Si he de morir, moriré de pie
Sin objeciones ni despedidas
Sin miedo al rechazo
Con la cabeza en alto concederé mis
plegarias,
A la muerte y el destino
Imponiendo sus juegos al azar
Romperá cadenas de falsos
testimonios.
Y mi alma sin miedo a despertar
Impedirá que el infierno consuma mi
tristeza
Pues si he de morir, moriré de pie.
En medio de un aguacero insolente
Mis pupilas reflejan el complejo
significado
De la “vida”
Cuan pausada, lenta y dolorosa
Responder objeciones sin sentido,
Instaurando una felicidad momentánea
Porque si he de morir, moriré de pie
Sin dificultad de ver un nuevo
atardecer.
Contra viento y marea, una tarde de
otoño
Sin primavera invaden momentos de
nostalgia
Y mi alma, alborotada…fortuita e
ilegal.
DESDICHA:
¡Terquedad! ¿Quién comprende al ser humano y sus tormentos?...
Y de esta manera, la tertulia confesó su último
suspiro, sin contratiempos ni temores…Solo, anonadado ¡hombre!AUTOR: SALAZAR GONZALES JUAN
País: Perú
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