Xiadani ha llegado y el
estruendoso sonido de su llanto a exaltado a todos los colibrís que invernaban
en esa noche color tornasol, el gran árbol que solía silbar melancólico se
quedó mudo al sentir el espíritu indomable de aquella pequeña, enseguida sus
profundas raíces sintieron un cosquilleo que hicieron retumbar las cosechas. Todos
los campesinos salieron de sus cabañas.
Esto que ha pasado no es más, que un mal presagio exclamó el gran
sabio. Ya que sus hogares quedaron
deshabitados, todo el pueblo decidió hacer un baile para pedirle al inagotable
sol que calmara la ira de aquel viejo árbol.
El bosque ya no era el de
antes desde el nacimiento de aquella doncella, el silbido del gran ahuehuete no
se escuchaba más, las hojas secas que sobrevolaban las colinas no eran de color
grisáceas ni se rompían al tocarlas, aquellas hojas que desprendía el árbol de
más de dos mil años eran verdes y casi tan suaves como el mismo aire. En el
décimo solsticio de Xiadani, el pueblo
decidió entregar a voluntad la vida del viejo sabio, el cual desde el
nacimiento de la niña no había vuelto a predecir nada importante, por lo cual
ya era hora de abrirle paso a la persona que se encargaría de encaminar a las
nuevas generaciones. Una fila de personas hincadas pasaron a besar las manos de
aquel que humilde había servido a su pueblo, al terminar la tradición lo
llevaron con sus mejores telas a los manglares, ahí era donde los sabios se
recostaban para convertirse en lagartos impresionantes para descansar los
siglos venideros. El tiempo paso y los árboles frutales se dedicaron abastecer
el poblado, la tierra de aquellas mesetas cambio su color a un rojo cálido como
el atardecer; de la nada, las cosechas empezaron a triplicar lo que
originalmente entregaban a aquellos que lo labraban. La pequeña doncella ahora
convertida en una mujer, se aventuraba a conocer cada árbol y cosecha
perteneciente a su meseta; después de inspeccionar toda la zona, adormitaba
debajo de aquel viejo ahuehuete. La doncella le contaba todos sus secretos
esperando escuchar algunas palabras que salieran de su enorme tronco para
aconsejarla y animarla. Aquellos días que Xiadani lo visitaba, tenían los
atardeceres más hermosos, pero cuando ella olvidaba saludar al enorme
ahuehuete, la tierra empezaba a temblar haciendo que los animales que se
casaban para la cena salieran corriendo despavoridos. Al cabo de muchos
solsticios la doncella entendía lo que pasaba con aquel árbol que ya no silbaba
más, él era su eterno enamorado y ella una mujer que nunca lo amaría pese al
tiempo que pasara junto a él. Las dudas empezaron a brotar, no solamente de la
doncella sino también de los pobladores, ¿Qué pasaría si ella llegara a perder
la vida? Acaso, ¿el ahuehuete soltaría una terrible catástrofe? Muchos pensaban
que la vejes de la doncella eliminaría el amor del viejo árbol y poco a poco se
olvidaría de ella para tomar la inasistencia debajo de su tronco como algo sin
importancia.
Los solsticios fueron
pasando y cada niño de la aldea con la que Xiadani había crecido se enlazaba
con su respectiva pareja, nadie la había desposado pese a su increíble belleza,
pues todos tenían miedo de que el viejo árbol depositara sus celos en contra de
sus cosechas.
Antes de que el cuerpo de
la doncella callera en el eterno otoño un hombre pidió su mano, siendo este un
gran guerrero sanguinario nadie se opuso a su deseo. Todos pensaban que el
hombre se dedicaría aniquilar cada rama que del majestuoso árbol brotara; pero el gran guerrero solo se acercó
a decirle unas palabras…
Cuando era un niño, un
lagarto me conto que en estas tierras existía un hombre que fue capaz de dar su
eternidad convertida en raíces para que su verdadero amor alumbrara desde los
cielos el camino de su pueblo y que en su viejo tronco reposaba el alma de
aquel triste enamorado. Después de aquellas palabras el joven exclamo: Responde
viejo ahuehuete ¿Acaso ese hombre persiste en tu fiero tronco?
Ya que el ahuehuete no
respondió, el guerrero exclamo; tú amaste alguna vez, amaste tanto que
respetaste la decisión de tu primer amor, ahora ella brilla incansablemente
durante los días y sueña con estar junto a ti al atardecer; te pido que dejes a
esta joven doncella elegir el destino que ella quiera para ti y para mí; a lo
que el viejo árbol respondió; ¡Xiadani lo que tu decidas hare! La joven tomo
fuerza y exclamo: Mi cálido ahuehuete, los años te han hecho sabio y es tu
sombra quien me cubre, tus grandes raíces las que me hacen sentir protegida,
pero es el quien jamás ha amado y soy yo quien desea alguien que sea capaz de
dar lo que un día tu diste por la gran estrella que nos alumbra desde cielo, es
nuestra hora de amar como algún día lo hiciste tú.
El viejo ahuehuete los
despidió y comenzó a silbar aquella melodía que hacia tanto tiempo no sonaba,
pese al trato que realizo con aquel guerrero enamorado, no pudo evitar secarse,
poco a poco sus ramas empezaron a desfallecer y sus hojas a soltarse de su
cuerpo. El eco del subsuelo le hacía llegar murmullos de aquellos que habitaban
cerca de él, muchos de estos se trataban de la bella doncella.
Fueron muchos solsticios
los que pasaron, el guerrero enamorado se convirtió en el jefe de todo su
pueblo y la bella Xiadani era su mano de hierro; diferentes aldeas se hincaban
ante ellos. Pese a ello en la lejanía y constantemente la doncella recordaba el
tiempo que había pasado con aquel viejo ahuehuete y al enterarse que el árbol
estaba por morir, preocupada por él decidió visitarlo.
En poco tiempo se supo
que aquella pareja saldría hacia una aldea sin escolta. La bella Xiadani solo
deseaba llegar a tiempo para poder despedirse de su viejo amigo, así que
cabalgaron sin cesar hasta el amanecer color tornasol, el cielo era el mismo de
aquel día que ella nació. Los colibrís se encontraban dando compañía en la
agonía del ahuehuete, quien de su frágil
tronco se terminaban de caer las hojas grisáceas; el bosque se encontraba en un
eterno otoño y los aldeanos hacía mucho tiempo que habían abandonado aquellas
tierras sin futuro.
Cuando las ramas de aquel
árbol sintieron el espíritu indomable de su doncella, despertó de su agonía, sabía que antes de su
muerte vería por última vez a su amada doncella. Cuando Xiadani llego a la
meseta donde se encontraba su amigo, brotaron de ella lágrimas que humedecieron
sus resecos labios color carmín.
Enseguida acaricio el tronco del ahuehuete y comenzó a decirle algunas palabras
de resignación.
El guerrero que había
hecho posible el viaje de la doncella, les dio un momento para su despedida,
cuando este se alejó de la meseta pudo ver en la lejanía a guerreros de otras
aldeas que venían desde diferentes direcciones. Al regresar por Xiadani no pudo
ocultar su preocupación, a lo que el viejo ahuehuete exclamo: Calma sanguinario
guerrero, pongo en tus manos mi más valioso tesoro.
El guerrero decidió
retirarse con la doncella de aquella meseta. Cuando los guerreros que buscaban
sangre llegaron, contemplaron el árbol, al darse cuenta que ellos habían
escapado empezaron atacar el tronco cortándolo raíz a raíz, el triste ahuehuete
que ya no tenía la fuerza de antes, no pudo resistirse; el dolor que estos le
ocasionaban era tan fuerte como el dolor de haber amado, el soporto, ya que
sabía que si Xiadani escuchaba su llanto ensordecedor, ella regresaría sin
dudarlo.
El viejo árbol aun sentía
las pisadas de corcel, él sabía que no estaban suficientemente lejos, fue en
ese momento en que desde la gran meseta uno de los guerreros alcanzo a ver a la
doncella; le apunto con una flecha y sin pensar tiro del arco. Cuando el
ahuehuete escucho el estruendoso grito de Xiadani, despertó toda su furia a tal
magnitud que comenzó un fuerte movimiento en el suelo, parecía que el árbol
quería levantar sus raíces de la tierra para ir ayudar a su amada. Los
guerreros empezaron a retirarse en sus caballos, pero la ira de aquel enamorado
los perseguía hasta golpearlos, la impotencia del árbol al no llegar hasta la
bella doncella lo hizo gritar de dolor, espantando a la naturaleza que se
encontraba a su alrededor.
Cuando los guerreros se
encontraban sin vida, el árbol succiono sus cuerpos, enseguida la sangre de
aquellos hombres pertenecientes a grandes dinastías familiares vitaminaron el
tronco del viejo ahuehuete, haciéndolo rejuvenecer. Las ramas del árbol se
profundizaron en cada rincón y la pradera que lo sostenía se enverdeció. Nuevamente
era el ahuehuete al que todos respetaban. Cuando entro la calma en la meseta,
varios animales migraron hacia las fuertes ramas del árbol, sabiendo que de
ahora en adelante el los cuidaría, charcos de agua cristalina salían del suelo,
las canteras verdes agrietadas comenzaron a destilar agua, formando
cascadas. Al caer la noche turquesa, el
guerrero enamorado se postro ante el inmaculado árbol y juntos lloraron.
El cuerpo de Xiadani se
fusionó con la tierra y de su tumba nació una bella flor; el guerrero ahora un
ermitaño, decidió ir a los manglares a suspirar por la pérdida de su verdadero
amor; donde en poco tiempo se transformó. Aquel gran guerrero, ahora un
lagarto, era parte de aquellos que alguna vez habían sido respetables sabios y
en el verde olivo del bosque chocaban los melancólicos silbidos de aquellos
hombres que alguna vez fueron amados.
AUTORA: GLORIA DE LOS ANGELES BENNETTS CARLOCK
País: México.
Muchas gracias, es un honor para mi ser publicada en su Revista Digital, les auguro mucho éxito.
ResponderEliminarHermso y tan Maravillosa pluma , sensibilidad ...Sin palabras amiga Te felicito
ResponderEliminarMuchas gracias, tus palabras me animan a seguir escribiendo.
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