|
Los días pasaban rápidamente y su vida transcurría en una sucesión
interminable de amaneceres y puestas de sol.
Ella siempre miraba atenta a todo lo que pasaba cerca.
Si bien su visión estaba limitada por algunas paredes altas y por
ventanas cerradas, casi nada de lo que acaecía a su alrededor escapaba a su
mirada.
Ya se había acostumbrado a las imágenes cotidianas. El edificio de
enfrente, más bajo que el suyo, le daba una visión de tonos grises. En
realidad, el gris era el color preponderante en esta manzana. Los techos de
algunas casas tenían casi todos algún pedazo de chapa, siempre gris. Los
pisos de las terrazas, invariablemente recubiertos de alguna membrana
aislante, gris también.
Muchas veces pensó que los colores eran empáticos entre sí. Eso
explicaría la uniformidad.
|
|
La vio luchar contra el viento que parecía querer arrancarle las
sábanas de la mano.
Se quedó mirando esa terraza donde había una gata que había tenido
cría y que ahora dormitaba rodeada de sus gatitos. Una chica rubia siempre
subía a darles de comer y a acomodarles la improvisada vivienda hecha con una
caja de cartón que había forrado de plástico. Podía ver las letras de la
caja, Impresora Samsung X Press M 2020.
Le cautivaba ver cómo los gatitos iban creciendo y jugaban entre
ellos, constantemente vigilados por la gata.
Miró al horizonte y pudo ver algunas nubes negras que presagiaban una
tormenta. La forma cambiante de las nubes siempre la hipnotizaba.
Su mirada giró bruscamente a la derecha al notar un movimiento inusual
en la ventana del sexto piso del edificio Coliqueo.
Un hombre había empujado a la joven rubia, la que cuidaba a los gatos.
Pudo ver con claridad como su cabeza golpeaba contra la ventana, dejando un
rastro oscuro en el cristal. La vio levantarse, tambaleante, sólo para volver
a caer luego de otro golpe del hombre. No volvió a verla.
Ya atardecía y las palomas empezaban a llegar a refugiarse en algunos
aleros cercanos. Le gustaba mirarlas. Siempre de a dos, apretaditas, como si
tuvieran frío.
Vio más tarde las luces intermitentes de la policía. Advirtió al menos
cuatro patrulleros en la calle, pero no podía estar segura ya que parte del
ala norte del edificio le tapaba la visión. Seguro que vinieron por la chica.
Notó como comenzaba a llover y el agua formaba charcos.
La lluvia se hizo más fuerte y el viento ya anunciaba que un gran
temporal se avecinaba.
Vio como los árboles se inclinaban con las ráfagas más fuertes. Y fue
uno de estos torbellinos el que hizo caer un poste de electricidad,
arrastrando el cableado al
desplomarse.
|
Su batería de reserva se encendió y comenzó a mirar de nuevo. Su visión infrarroja de cámara de seguridad de última generación le permitió seguir observando y grabando todo en un amplio espectro de tonos negros, blancos y grises.
AUTORA: SILVIA ALEJANDRA FERNANDEZ
País: Argentina
Buenísimo sister, felicitaciones!!!
ResponderEliminarGracias amiga por leerlo. Me alegro que te haya gustado. besos
EliminarUn genial relato, sorprendente y realmente conmovedor. ¡Gracias Silvia por escribir!
ResponderEliminarExcelente relato, Silvia, de los mejores que te he leído. Me encanta además la atmósfera melancólica que envuelve el final.
ResponderEliminar