martes, 15 de mayo de 2018

ELLA

Los días pasaban rápidamente y su vida transcurría en una sucesión interminable de amaneceres y puestas de sol.
Ella siempre miraba atenta a todo lo que pasaba cerca.
Si bien su visión estaba limitada por algunas paredes altas y por ventanas cerradas, casi nada de lo que acaecía a su alrededor escapaba a su mirada.
Ya se había acostumbrado a las imágenes cotidianas. El edificio de enfrente, más bajo que el suyo, le daba una visión de tonos grises. En realidad, el gris era el color preponderante en esta manzana. Los techos de algunas casas tenían casi todos algún pedazo de chapa, siempre gris. Los pisos de las terrazas, invariablemente recubiertos de alguna membrana aislante, gris también.
Muchas veces pensó que los colores eran empáticos entre sí. Eso explicaría la uniformidad.
Vio como una señora con un vestido de flores negras y blancas colgaba ropa en la terraza de uno de los edificios cercanos.
La vio luchar contra el viento que parecía querer arrancarle las sábanas de la mano.
Se quedó mirando esa terraza donde había una gata que había tenido cría y que ahora dormitaba rodeada de sus gatitos. Una chica rubia siempre subía a darles de comer y a acomodarles la improvisada vivienda hecha con una caja de cartón que había forrado de plástico. Podía ver las letras de la caja, Impresora Samsung X Press M 2020.
Le cautivaba ver cómo los gatitos iban creciendo y jugaban entre ellos, constantemente vigilados por la gata.
Miró al horizonte y pudo ver algunas nubes negras que presagiaban una tormenta. La forma cambiante de las nubes siempre la hipnotizaba.
Su mirada giró bruscamente a la derecha al notar un movimiento inusual en la ventana del sexto piso del edificio Coliqueo.
Un hombre había empujado a la joven rubia, la que cuidaba a los gatos. Pudo ver con claridad como su cabeza golpeaba contra la ventana, dejando un rastro oscuro en el cristal. La vio levantarse, tambaleante, sólo para volver a caer luego de otro golpe del hombre. No volvió a verla.
Ya atardecía y las palomas empezaban a llegar a refugiarse en algunos aleros cercanos. Le gustaba mirarlas. Siempre de a dos, apretaditas, como si tuvieran frío.
Vio más tarde las luces intermitentes de la policía. Advirtió al menos cuatro patrulleros en la calle, pero no podía estar segura ya que parte del ala norte del edificio le tapaba la visión. Seguro que vinieron por la chica.
Notó como comenzaba a llover y el agua formaba charcos.
La lluvia se hizo más fuerte y el viento ya anunciaba que un gran temporal se avecinaba.
Vio como los árboles se inclinaban con las ráfagas más fuertes. Y fue uno de estos torbellinos el que hizo caer un poste de electricidad, arrastrando el cableado  al desplomarse.
La luz se fue de golpe, dejando en tinieblas  muchas cuadras a la redonda. La vida parecía detenerse al no haber energía.
Su batería de reserva se encendió y comenzó a mirar de nuevo. Su visión infrarroja de cámara de seguridad de última generación le permitió seguir observando y grabando todo en un amplio espectro de tonos negros, blancos y grises.

AUTORA: SILVIA ALEJANDRA FERNANDEZ
País: Argentina

4 comentarios:

  1. Buenísimo sister, felicitaciones!!!

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  2. Un genial relato, sorprendente y realmente conmovedor. ¡Gracias Silvia por escribir!

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  3. Excelente relato, Silvia, de los mejores que te he leído. Me encanta además la atmósfera melancólica que envuelve el final.

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